Te mencionan en algunas religiones “del libro”. Allí tienes como antepasado a la serpiente del bien y del mal. Podrías haber tenido ambos sexos, y si te procrearas, el mundo estaría a tus pies. Te las arreglas muy bien con las dualidades. Al final del día será tu dios todo aquél que te haga jugar.
Tan grande puede ser tu figura pública que hay quienes se preguntan cómo es posible que te lleves el mundo por delante. Que lo averigüen en la web, en el buscador con tu nombre puesto al revés.
Tenías un caparazón, nadie lo notó hasta que necesitaron un techo para protegerse de una tristeza o hambre o gran carencia. Deberás estar alerta entre los que pueden “servirte” como plato fuerte en la cena. Salvo que te entregues a ellos con placer.
Adoptas formas de pez, con aletas y poder. Tu dermis o epidermis, una de las dos, es bellísima, aprovecha el don.
Tal vez seas el mismísimo mar…si hasta un dios o un bombón atómico te quiere doblegar, es porque eres importante.
Los más idiotas te verán como un demonio. Sacas partido si te asocias una temporada con el desorden, pues aflora tu fuerza creativa y el elemento tierra te es propicio. Unas tortugas de mar, por definición tus rivales, te desean devorar. Allí es momento de la retirada, elegante, antes de que con tus vergüenzas alguien se haga un traje digital.
Podrías preferir pensarte como un gran estado ideal surgido por una razonada convención entre tus propias partes.
Si te han visto, no te acuerdas. Ya has saltado a la fama.
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